ORACIONES DEL CRISTIANISMO MÍSTICO

martes, 19 de mayo de 2015

El Espiritualismo Ético, la ley eterna y los actos morales buenos y malos. (I)

Una de las funciones más importantes de la ética es juzgar la rectitud de las acciones, de tal manera que sea posible discriminar diáfanamente entre los actos humanos buenos y los actos humanos malos. El criterio o instrumento universalmente válido para medir objetivamente la rectitud moral de una acción, es su capacidad de perfeccionar la naturaleza humana. Distinguir entre aquello que perfecciona o degrada al ser humano, resulta ser sin duda alguna, un parámetro universal preciso para medir el bien moral y el mal moral. Ahora bien, hasta aquí, todo es claro y contundente. Pero de inmediato surge una duda muy razonable: ¿qué debemos entender por perfeccionamiento? O  dicho de otra manera,  ¿cuál es el verdadero perfeccionamiento universalmente válido? ¿Aquel que muchas personas  que pertenecen al gran rebaño de ovejas domesticadas considerarán que poseen, si se le increpa con la pregunta pertinente, o aquel que se fundamenta en la ley eterna?
Si la capacidad de perfeccionar al ser humano, es el criterio utilizado por la ética para determinar objetivamente la rectitud de una acción, la ley eterna es el criterio utilizado  para definir objetivamente lo que es dicho perfeccionamiento.
Dado el papel tan importante que  tiene la ley eterna en la ética, resulta imperativo conocer a fondo su contenido y sus implicaciones para el ser humano, y para tal propósito, empezaremos con algunas definiciones clásicas de dicha ley:
1) La ley que descansa en la propia razón de Dios y de la cual derivan todas las demás leyes. Santo Tomás dice que es eterna e inmutable porque a Dios le corresponde la eternidad. Dios ordena todas las acciones, tanto humanas como no humanas hacia su fin. A diferencia de Aristóteles, Santo Tomás pone el fundamento del bien en un fundamento más trascendental que la propia naturaleza: Dios.
2) “… la ley eterna no es otra cosa que la razón de la sabiduría divina en cuanto principio directivo de todo acto y todo movimiento”.
Santo Tomás, Suma Teológica I-II, cuestión 93, artículo 1    
3) “…es la razón suprema de todo, a la cual se debe obedecer siempre...”  “…es aquella en virtud de la cual es justo que todas las cosas estén perfectísimamente ordenadas” “…ninguna fuerza, ningún acontecimiento, ningún fallo de cosa alguna llegará nunca a hacer que no sea justo el que todas las cosas estén perfectísimamente ordenadas”.
San Agustín de Hipona. El libre albedrío, capítulo VI.

En su legendaria obra El Libre Albedrío, San Agustín de Hipona le explica a su discípulo Evodio, el entramado de dicha ley capital. Dice San Agustín que “…cuando la razón domina estas tendencias del alma (el amor a la alabanza y a la gloria y el deseo de dominar), entonces es cuando se dice que el hombre está perfectamente ordenado. Porque es claro que no hay buen orden, ni siquiera puede decirse que haya orden, allí donde lo más digno (la razón, la voluntad), se halla subordinado a lo menos digno…” (Capítulo VIII)
Continúa San Agustín en su diálogo con Evodio y en el mismo capítulo: “…pues cuando la razón, mente o espíritu gobierna los movimientos irracionales del alma, entonces y solo entonces, es cuando se puede decir que domina en el hombre lo que debe dominar, y domina en virtud de aquella ley que dijimos que era la ley eterna”
El capítulo IX lleva como título “LA DIFERENCIA ENTRE EL SABIO Y EL NECIO ESTÁ EN EL SEÑORÍO O ESCLAVITUD DE LA MENTE”
En relación con la anterior disyuntiva, San Agustín le presenta a Evodio en forma elocuente, el contraste entre un ser humano que ha escogido sabiamente y uno que se ha rendido al imperio de la libídine: “…cuando el hombre se encuentra perfectísimamente ordenado, es verdaderamente sabio. Su  mente tiene el mando supremo sobre la libídine”. “…yo llamo sabios a los que mediante del reinado del espíritu han conquistado la paz subyugando todas las pasiones”
Con respecto a los hombres y mujeres dominados por su personalidad egoísta (es decir, por los deleites, los apegos, los deseos y las pasiones), San Agustín hace la siguiente aseveración: “…es claro que el hombre tiene mente, aunque de hecho no tenga señorío sobre sus pasiones…sin embargo, no ejerce el principado ya que es insensato (o necio), y de sobra es sabido que el reinado de la mente no es propio sino de los sabios”
El capítulo X lleva como título “NADA OBLIGA A LA MENTE A SERVIR A LA LIBÍDINE”
En este capítulo procede Evodio a hacer una comprobación de lo que ha aprendido de su maestro: “… ya hemos visto que la humana sabiduría consiste en el señorío de la mente sobre las pasiones y que es también evidente que puede no ejercer de hecho ese señorío” (en el caso de una mente débil dominada por su personalidad egoísta).
Luego lo interpela San Agustín de la siguiente forma: “¿Crees tú que sea la libídine más poderosa que la mente, a la que sabemos que por ley eterna ha sido dado el dominio sobre todas las pasiones? Por lo que a mí toca, no lo creo de ningún modo, porque no habría orden perfectísimo allí donde lo más imperfecto dominara a lo más perfecto. Por lo cual juzgo de necesidad que la mene sea más poderosa que la codicia, y esto por el hecho mismo de que la domina con razón y justicia”
Haciendo un compendio de lo que hemos visto hasta aquí, podemos afirmar que la ley eterna es una ley sustentada y emanada de la propia razón del Poder Superior y de la cual, deriva la ley natural o ley moral. Esta última es inherente a la razón humana, porque está “impresa” en la mente de todos los hombres y mujeres. La ley eterna es justamente eterna e inmutable porque a Dios le corresponde la eternidad. La ley eterna es el principio directivo al cual debería obedecer todo acto y todo movimiento, es aquella ley en virtud de la cual, es justo e imperativo que todo acto y todo movimiento esté perfectísimamente ordenado de acuerdo con el criterio de que lo espiritual siempre debe tener prioridad y muchísima mayor trascendencia que lo material y personal. Es decir, en la escala de valor de toda persona, sus objetivos espirituales y el cumplimiento de las virtudes (fortaleza, templanza, prudencia, tolerancia) siempre deberían tener muchísimo mayor rango e importancia que sus objetivos materiales-personales (lo más perfecto prevalece y manda sobre lo más imperfecto) Y dicha jerarquía debería verse reflejada en un estilo de vida correctamente ordenado, en el que los deleites, los apegos, los deseos y las pasiones se encuentren sometidas al señorío de la mente (inegoísta) y al reinado del espíritu.

No es sino apegándose fielmente a la ley eterna, como el ser humano logrará que sus actos morales sean buenos y se encuentren perfectísimamente ordenados. Una persona con una vida perfectísimamente ordenada, es una persona sabia en la que su triada (inteligencia inegoísta, intuición o fe, voluntad clarificada espiritual) tiene el mando supremo sobre la libídine o sobre su personalidad egoísta o cuaternario (sus instintos animales, su cuerpo de emociones y su inteligencia egoísta, calculadora). 

domingo, 11 de enero de 2015

La Espiritualidad Ética y la pasión por el desapasionamiento

En este momento de mi vida, cuando tengo ya 51 años cumplidos, y luego de muchos años de estudiar la Sabiduría Universal y de luchar por consolidar un estilo de vida consecuente con todo lo que abarca ese maravilloso y majestuoso universo de conocimientos (la sabiduría oriental, hindú, egipcia, precolombina, la filosofía griega -que a su vez incluye el ascetismo, el estoicismo, la ataraxia, la apatía entre otros- la teosofía, la masonería, el hermetismo, la ética atemporal, la metafísica y la ontología, el espiritualismo ético, etc.), me siento feliz de tener la dicha de compartir una frase de mi autoría que sintetiza en forma lacónica y elocuente, todo ese maravilloso espectro de conocimientos trascendentales. Dicha frase es la siguiente: ¡PASIÓN POR EL DESAPASIONAMIENTO! Y si esta frase tiene un significado impactante y estimulante para ti, y si además aspiras a que tu vida sea consecuente con dicha frase o norma, entonces tienes que ser capaz de liberarte de la gran dependencia que tienes con los deseos, con  las emociones fuertes y con los motivos materiales-personales como medios para sentirte entusiasmado, motivado, feliz,  y para estar convencido de que tu vida tiene una razón de ser. Al mismo tiempo, tienes que decretar tu libertad absoluta en relación con el anterior tipo de elementos superficiales del mundo de ilusión e ignorancia del gran rebaño de ovejas domesticadas. Tú no eres una oveja domesticada, tú eres un supervivencialista espiritual extremo que trabaja 16 horas al día todos los días del año, cumpliendo con la misión de la Fe Trascendental (1). Y por cada hora de trabajo, recibes una paga: en primer lugar, la posibilidad de experimentar una maravillosa e indescriptible autorrealización de tipo espiritual, y en segundo lugar, el reconocimiento –por parte del Poder Superior- de pequeñas cantidades de méritos que son fundamentales para que puedas aspirar a la Unión Divina. Solamente los artesanos de su propio Yo Superior serán capaces de utilizar esta vida como medio para evolucionar espiritualmente y en consecuencia, para acceder a dicha Unión Divina.
Con la práctica disciplinada, metódica y permanente de dicha premisa o norma (vivir con pasión por el desapasionamiento), llegará el tiempo en el que tu alma se conservará bastante limpia de agentes tóxicos y/o contaminantes, y en el que podrás experimentar con cierta frecuencia, un maravilloso bienestar que no depende de ningún apego, que no está condicionando a la posesión de un determinado bien material o personal, sino que es un bienestar derivado de la libertad absoluta en relación con la materia y el deseo.  Es un bienestar que tiene lugar en tu yo interior y que no puede ser afectado o condicionado por el mundo mezquino de los deleites, los apegos, los deseos y las pasiones. Es un bienestar que tiene la virtud de hacer que tu Yo Superior sea infinitamente mayor que tu yo inferior (tu personalidad egoísta), y de liberarte totalmente del mundo ilusorio de la materia y el deseo.
En ese estadio existencial de plenitud que es la Unión Divina, no existen por definición, los deleites, los apegos, los deseos, las pasiones, los motivos, la vanidad, los condicionamientos. El estadio existencial de plenitud es el desapasionamiento absoluto. Durante nuestra breve estancia en el mundo material, tenemos que desenvolvernos mediante un estilo de vida lo más cercano posible a ese mundo espiritual de desapasionamiento. Tenemos que vivir como si no tuviéramos personalidad egoísta. Si nuestro estilo de vida no guarda cierta coherencia con la esencia de lo que es la Unión Divina, estaremos evidenciando un grado de evolución espiritual muy pobre y por lo tanto, que aún no estamos preparados para acceder a dicho escenario. En consecuencia, nuestras almas una vez separadas del cuerpo físico, continuarán su proceso de maduración en el estadio existencial carencial, en el que experimentarán diferentes grados de precariedad espiritual.

Durante los ejercicios de meditación tenemos que llegar a alcanzar un nivel de misticismo tan alto, que sea capaz de simular lo que es en realidad la Unión Divina. 

(1) Misión de la Fe Trascedental: Trabajar como instrumento de Dios para hacer el bien y como exterminador de deseos, 16 horas al día 365 días al año. Lo anterior implica trascender tu personalidad egoísta a través de una planificación estratégica llamada Espiritualismo Ético.

lunes, 11 de agosto de 2014

La Espiritualidad Ética y nociones de escatología

De acuerdo con el diccionario que tengo en mis manos, escatología es el conjunto de creencias y doctrinas relacionadas con el destino último del hombre y del universo. Normalmente es considerada una rama de la teología cristiana, sin embargo puede aplicarse a cualquier religión o doctrina relacionada con la trascendencia del plano material al plano espiritual. Así por ejemplo, cuando pensamos en la salvación o en la vida eterna (religión cristiana) y en la reencarnación (religión y/o sabiduría oriental), estamos entrando en el campo de la escatología.
En la religión cristiana, la salvación se logra básicamente a través de la fe (la aceptación de Jesús como el hijo de Dios que encarnó en hombre para salvar al mundo). Pero de acuerdo con la Sabiduría Universal, la fe por sí sola no es suficiente para tener acceso a la Unión Divina (supervivencia espiritual, vida eterna, salvación), sino que además es imperativo el conocimiento de los principios de dicha sabiduría y su respectivo aprovechamiento, de tal manera que la persona pueda liberarse del deseo y de la materia a través de una voluntad clarificada y comprometida con el perfeccionamiento del Yo Superior.
Dicho conocimiento podemos llamarlo "gnosis" o Fe Trascendetal. La Fe Trascendental es la fe al servicio de la voluntad espiritual (Atma) y de la inteligencia inegoísta (Manas). Por el contrario, la fe mundana u ordinaria, es la fe al servicio de la personalidad egoísta y de la mente calculadora.
Desde el punto de vista de la sabiduría universal y su conocimiento ancestral acerca de la naturaleza septenaria del ser humano y de la naturaleza transitoria de las cosas,  una sola vida no es suficiente para lograr la evolución espiritual requerida para aspirar a la Unión Divina, ya que la dependencia con las pasiones, con los deseos, con las emociones fuertes y con los motivos materiales-personales es extremadamente poderosa, y representa una fuerza incontenible que se apodera de nuestra personalidad desde la niñez. Por esta razón, en la sabiduría universal se considera que la reencarnación es una de las posibles formas que existen para prolongar el tiempo y el espacio requeridos para dicha evolución espiritual.
Sin embargo, existen otras opciones escatológicas que pueden deducirse de los  grandes principios de la sabiduría universal, como por ejemplo, la evolución del alma separada del cuerpo en estadios existenciales carenciales, en los que las almas  -aún dominadas por su inteligencia egoísta y calculadora- experimentarán determinados grados de precariedad existencial que eventualmente les permitirá adquirir el suficiente grado de evolución para aspirar a la Unión Divina (que es el estadio existencial de plenitud). 
Si estamos totalmente de acuerdo, que en una eventual vida eterna o supervivencia espiritual, por definición no existirán las necesidades de ningún tipo, ni el deseo, ni los apegos con los bienes exteriores, ni los motivos, ni las emociones ni los placeres, ¿no te parece lo más lógico y coherente, que en esta vida terrenal efímera conformada a partir de espejismos y de cosas ilusorias (desde el punto de vista temporal, espacial y de la naturaleza del átomo, todos los bienes exteriores o bienes materiales-personales son virtualmente inexistentes), debemos practicar un estilo de vida lo más cercano posible a ese estadio existencial de plenitud que nos aguarda? ¿No será más bien una condición indispensable para tener derecho a la Unión Divina y para eludir el estadio existencial carencial? 


miércoles, 28 de mayo de 2014

El Espiritualismo Ético y los gurús, los genios y los virtuosos

A menudo encontramos en los medios de información, anuncios que invitan al público a participar en conferencias o seminarios impartidos por expertos muy renombrados y que debido a una moda que empezó no hace muchos años, son llamados “gurús”. Se me ocurre entonces por decir un nombre, el Dr. Paz, “el gurú de la auto ayuda y la motivación”, o el Master  Henderson, “el gurú de las ventas al detalle”, o el catedrático Reyes Ruiz, “el gurú de las ciencias gerenciales”, etc.  En el diccionario que tengo a mano, gurú significa director espiritual o jefe religioso. Me parece que quienes iniciaron la costumbre de denominar gurú a un experto sumamente reconocido, obedece a un deseo de sobredimensionar sus cualidades principalmente para efectos mercantiles, atribuyéndole a esa persona algo así como un don especial de carácter mágico o místico, de tal manera que tiene la capacidad de influir en forma elocuente en sus seguidores o simpatizantes, de transformar sus vidas o de potenciar tangiblemente sus destrezas, para el logro de objetivos materiales-personales.  
También es importante considerar que en el ámbito de la superación material-personal, existen diferentes tipos de personas virtuosas, según su profesión. Tenemos a los virtuosos del balón, del violín, del contorsionismo, etc. Sin embargo, aunque se trate de los y las mejores futbolistas, músicos y contorsionistas del mundo, y aunque han  tenido una voluntad férrea para dominar un arte o una técnica, tienen un común denominador con el resto de mortales: son personas dominadas por el deseo, por los placeres, por la vanidad y por los apegos con los bienes exteriores. Es decir, a pesar de sus  destrezas extraordinarias -que dependiendo de la popularidad de la actividad que desarrollan pueden llevarlos a convertirse en súper  estrellas-  pertenecen al gran rebaño de ovejas domesticadas cultural y religiosamente. Lo mismo aplica por supuesto, para los llamados gurús y para cualquier persona que sea considerada un genio de cualquier campo del conocimiento científico o tecnológico.
Los aspirantes espirituales debemos apreciar un elemento común en todas las personas que son consideradas gurús,  genios o que son virtuosas en una determinada actividad artística, deportiva o de cualquier otra índole: me refiero a la pasión con la que se entregan a su trabajo. Una pasión igual o mayor aún, es la que requerimos los artesanos del Yo Superior para transformarnos en personas virtuosas en el dominio de nuestra personalidad egoísta.
En la medida que vayamos adquiriendo cierto dominio sobre la personalidad (o sobre el yo inferior o el kama manas), podremos irnos liberando poco a poco  de la condición tan deplorable de ovejas domesticadas, ya que en esa misma medida iremos adquiriendo un relativo grado de libertad en relación con la materia y el deseo. En el contexto de la Sabiduría Universal, virtuoso es aquel que logra dominar su personalidad para convertirse en instrumento de Dios para hacer el bien y en un exterminador o depredador de deseos. Y es muy oportuno indicar en este punto, que dicho dominio  lo alcanzaremos con base en una planificación estratégica de tipo espiritual; con base en la Fe Trascendental (la fe al servicio del Yo Superior y no al servicio del yo inferior); con base en el conocimiento y la aplicación de los principios y herramientas de la Sabiduría Universal; con base en una voluntad clarificada y espiritual; con base en un estilo de vida totalmente consecuente con la Ética Espiritual.
Por otro lado, tengo la certeza de que en el mercado de expositores  y conferencistas internacionales, nunca vamos a encontrar un gurú en el dominio de su personalidad egoísta (es decir, dominador de los deseos, de los placeres, de los motivos, de los apegos, de las pasiones mundanas, de su vanidad, de su carácter). Primero, porque dicha profesión es tan compleja, tan difícil, y requiere de un sacrificio tan monumental (prácticamente de carácter ascético), que no es sino hasta en la etapa madura de la vida, que una persona puede empezar a vislumbrar cierto progreso que lejos de causarle satisfacción, aumenta su humildad, ya que ha logrado adquirir una mayor comprensión de  la magnitud de la misión que se ha impuesto. En consecuencia, nadie puede llegar a tener el suficiente grado de dominio sobre su yo inferior o kama manas, como para que merezca ser llamado un gurú en dicha disciplina (que es sagrada). Segundo, porque el tema de la ruptura con la personalidad (es decir, con el deseo y con la materia) no tiene clientela ni acogida ni aceptación en el mundo del gran rebaño de ovejas domesticadas. No es un campo de estudio y de ejercitación espiritual/volitiva atractivo para la gran masa adicta a los bienes materiales-personales y consumidora de dogmas. En ese sentido,  se requieren de atributos excepcionales (quizás innatos) para iniciar el camino del aspirante espiritual y para identificarse plenamente con  la misión de Fe Trascendental, cuya definición indiqué anteriormente: Trabajar como instrumento de Dios para hacer el Bien y como exterminador de deseos, 16 horas al día 365 días al año.

Existen líderes o guías espirituales  tales como Osho, Sri Sri Ravi Shankar, Ghandi, el Papa, el Dalai Lama, etc. Sin embargo, me reservo el derecho de dudar acerca del nivel de dominio que tienen ellos sobre sus propias personalidades egoístas. Por lo tanto, previendo que quizás no tengan los atributos necesarios para ser verdaderos líderes espirituales (esto que afirmo, en el contexto de la Sabiduría Universal, libre de los dogmas), uno tiene que tratar de ser su propio gurú en materia de dominio de la personalidad egoísta y en materia de la aplicación de los principios de la Sabiduría Universal. Uno tiene que ser su propio genio al hacer meditación trascendental y experimentar la libertad absoluta.

miércoles, 12 de marzo de 2014

Los artesanos de su Yo Superior y el ejercicio de higiene espiritual

En las congregaciones de los Artesanos de su Yo Superior, tenemos un protocolo para iniciar las sesiones de estudio, reflexión y terapia grupal. Empezamos invocando la Misión y la Visión de la Fe Trascendental. Misión: Trabajar como instrumento de Dios para hacer el bien y como exterminador de deseos 16 horas al día 365 días al año, lo cual implica trascender nuestra personalidad a través de una planificación estratégica llamada la Espiritualidad Ética. Visión: alcanzar la Unión Divina, es decir, el estadio existencial de plenitud, y eludir el estadio existencial carencial, en el que las almas experimentarán diferentes grados de precariedad existencial. El protocolo continúa con la pronunciación en voz alta y en grupo de la siguiente heráldica: “Si partimos del hecho de que en una eventual vida eterna no existen las necesidades de ningún tipo, ni los placeres, ni los apegos con los bienes exteriores (materiales-personales), ni los motivos ni tampoco los  deseos, entonces  pareciera ser lo más lógico y sensato que en esta vida terrenal tengamos la obligación de practicar un estilo de vida lo más cercano posible a ese estadio existencial que nos aguarda. Es más, la práctica de ese estilo de vida es una condición indispensable e imperativa para tener derecho a la supervivencia espiritual”. Como tercer paso del protocolo, tenemos que invocar la siguiente norma: “Hay que vivir con una parte de la mente puesta en el mundo material-sensorial, y con la otra parte en el mundo espiritual y del no deseo”. Luego de los anteriores pasos, procedemos con la meditación trascendental llamada “Ejercicio de Higiene Espiritual”. Dicho ejercicio inicia con un discurso básico que nos sirve de guía para alcanzar posteriormente, un alto nivel de concentración y devoción a todos los artesanos que aspiramos a ser personas virtuosas en el dominio de la personalidad egoísta.  El discurso básico es el siguiente:
En este momento me arranco todos mis deseos, y la gran necesidad que yo tengo de emociones fuertes y de motivos materiales-personales cautivantes, como principales medios para sentirme feliz, entusiasmado, motivado, para estar convencido en cuanto a que la vida tiene una razón de ser sólida; y declaro y decreto mi libertad absoluta en relación con todos estos elementos superficiales del mundo de ilusión e ignorancia del gran rebaño de las ovejas domesticadas.
Yo no soy una oveja domesticada, yo soy un profesional de la Fe Trascendental que trabaja 16 horas al día 365 días al año cumpliendo con la Misión, y por cada hora de trabajo recibo una paga: La posibilidad de experimentar una indescriptible y maravillosa autorrealización de tipo espiritual, y el reconocimiento de pequeñas cantidades de méritos que son fundamentales para aspirar a la Unión Divina. De hecho, solamente los supervivencialistas espirituales extremos podremos utilizar esta vida como medio para aspirar a la Unión Divina.
En este mismo instante mi alma está libre de agentes tóxicos, de agentes contaminantes, y puedo experimentar un enorme bienestar que no depende de la posesión de un determinado bien, que no está condicionado por ningún apego con los bienes exteriores (materiales-personales), sino que es un bienestar se deriva directamente de la libertad absoluta que ya mismo estoy disfrutando en relación con la materia y el deseo. Es un bienestar que no requiere nada de lo que está más allá de mi yo interior, y que provoca que mi Yo Superior sea muchísimo más preponderante que mi yo inferior. Es un bienestar absoluto, porque no está condicionado por ninguna cosa del mundo material y de deseos.
Una vez finalizado este discurso básico, deberíamos estar en condición de lograr durante algunos minutos, una experiencia mística fuerte y profunda basada en la libertad absoluta en relación con la materia y el deseo.
Luego de la meditación trascendental sustentada en el ejercicio de higiene espiritual, los artesanos procedemos con las sesiones de estudio, reflexión y terapia grupal.


sábado, 14 de diciembre de 2013

La gnosis de la Espiritualidad Ética en youtube

Puedes ver la presentación del video de la monografía "La gnosis de la Espiritualidad Ética" en el siguiente sitio: http://youtu.be/pOed_uccnCQ

Nota: después de la letra p sigue una letra o mayúscula.

martes, 10 de diciembre de 2013

La gnosis de la Espiritualidad Ética

¿Qué significa la palabra gnosis  o nosis (sin g al principio)? Según el diccionario Pequeño Larousse, y en el contexto del esoterismo serio, clásico, es el saber absoluto, o al menos un saber superior al saber vulgar. Para efectos nuestros, es un saber superior al común, al vulgar, al del gran rebaño de ovejas domesticadas cultural y religiosamente. Es un saber que trasciende o que va mucho más allá del mundo de ilusión e ignorancia del gran rebaño, que vale la pena señalar, es un mundo mediocre cuyo sustento es la posesión y disfrute de elementos superficiales, es decir, bienes exteriores, o que también podemos llamar bienes materiales y personales.
Ética y espiritualidad son los dos componentes de nuestro Yo Superior, y son intrínsecos, son inmanentes. Sin embargo, en el mundo del rebaño de ovejas domesticadas -y hago la aclaración de que en este mundo meto a todas las religiones y sus diferentes ramificaciones- no vemos esa fusión, sino que contrariamente, las personas son incoherentes entre sus convicciones religiosas y lo que evidencian cotidianamente en su modo de actuar ético. Hay algunas excepciones por supuesto.
¿Qué vamos a entender por espiritualidad? Una substancia es espiritual cuando posee facultades inorgánicas, y las dos facultades inorgánicas del alma son: el entendimiento y la voluntad. En este sentido, el desarrollo de la espiritualidad se logra con los siguientes elementos: El conocimiento de los principios de  la sabiduría antigua y de la filosofía clásica, una voluntad clarificada comprometida con el perfeccionamiento espiritual, y una fe que sea trascendental y no superficial.
¿Y qué vamos a entender por ética? Aquélla ética universal atemporal, es decir, la ética virtuosa, inspirada en valores y ejercida en virtudes. Una ética constituida por valores que trasciendan los valores específicos de una determinada época y que converjan en principios comunes e inherentes a todo ser humano, más allá de su raza, cultura o credo. ¿Cuáles son los valores supremos de la ética? Son tres: la justicia, la bondad y la belleza. Todo lo que hacemos en la vida tiene que reflejar esos tres valores. Por otro lado, las principales virtudes, llamadas cardinales son las siguientes: la templanza, la fortaleza, la prudencia y la tolerancia.
Seguidamente conoceremos los fundamentos de la espiritualidad ética, los cuales tienen como fin que podamos experimentar la libertad absoluta y la autorrealización como seres espirituales:
El primero de estos fundamentos, es el carácter ilusorio o de espejismo de todos los bienes materiales y hasta personales. Veamos de qué se trata:
En términos de temporalidad, espacialidad y naturaleza atómica, los seres humanos y todos los bienes materiales que nos rodean, son virtualmente inexistentes o bien, prácticamente la nada. Y voy a explicarles con sólidos argumentos el porqué de la anterior aseveración.
En términos de temporalidad, porque el universo tiene 14 mil millones de años de existencia, mientras que un ser humano difícilmente supera una vida de 80-85 años. Por lo tanto resulta obvio preguntarse, ¿Qué es una vida promedio de 80 años comparada con la edad del universo? Bueno, prácticamente nada.
Luego, en términos de espacialidad, porque la galaxia más lejana conocida se encuentra a 13 mil 200 millones de años luz de la Tierra (imagine entonces ud la cantidad de millones de millones de millones de millones de kilómetros que hay viajando a la velocidad de la luz durante 13 mil 200 millones de años, y no olvidar que la luz viaja a 300 mil kilómetros por segundo), y en contraste, la Tierra tiene un insignificante diámetro de tan solo 13000 kilómetros.  Es decir, nuestro planeta, los humanos y todos los bienes materiales que hay en ella, en términos de espacialidad, somos virtualmente inexistentes.
Y he aquí lo más elocuente de todo: En términos de naturaleza atómica, nuestra madre Tierra y quienes la habitamos y destruimos, somos prácticamente nada, porque el 99.999999 % del volumen de un átomo es espacio vacío: Si el espacio de los átomos se pudiera suprimir, toda la humanidad cabría en un terrón de azúcar, repito, en un terrón de azúcar. Otra comparación increíble: Si un núcleo de un átomo fuera del tamaño de una bola de boliche, los electrones estarían flotando en órbita a una distancia de unos 18 kilómetros, y los electrones serían del tamaño de la puntita de un alfiler. Y por si todo esto fuera poco, existen distancias similares entre un átomo y otro. Los espacios son tan amplios entre los electrones y el núcleo, y entre un núcleo de un átomo y otro, que en realidad el 99.9999999 % de todo lo que creemos ver como sólido, en realidad es transparente, ¡Es una mera ilusión! ¡Un simple espejismo! Otra comparación elocuente: Si imaginamos el núcleo de un átomo del tamaño de una pelota de fútbol, entonces el electrón más cercano estaría orbitando a un kilómetro de distancia. En conclusión, la solidez de la materia es una mera ilusión creada por los campos eléctricos que a su vez, son creados por las partículas subatómicas.
El segundo fundamento de la espiritualidad ética, es la planificación estratégica para alcanzar nuestros objetivos espirituales. En este sentido, la Misión que tiene un hombre o una mujer de Fe Trascendental, es la siguiente: Trabajar como instrumento de Dios para hacer el Bien, y como exterminador de todo tipo de deseo, 16 horas al día, 365 días al año. Lo anterior implica que tienes que trascender tu personalidad egoísta a través de una planificación estratégica llamada  espiritualidad ética.
Es importante en este momento, definir lo que es la Fe Trascendental:   Es la fe que está al servicio de tu Yo Superior (el cual incluye la inteligencia inegoísta y la voluntad clarificada espiritual). En contraste, la fe ordinaria es la fe al servicio de tu personalidad egoísta (que se compone de tu mente de deseos y calculadora).
Bien, ya vimos la misión. Ahora conoceremos la Visión: La visión consiste en conquistar la Unión Divina (que es el estadio existencial de plenitud), y en eludir el estadio existencial carencial, en el que las almas experimentarán diferentes grados de precariedad existencial.
Ahora quiero mostrarles un ejercicio muy útil, el ejercicio de higiene espiritual: En este momento me arranco todos mis deseos insatisfechos, la necesidad de emociones fuertes y de motivos materiales como principales medios para sentirme feliz, entusiasmado, para sentir que la vida tiene una razón de ser, y declaro y proclamo  mi libertad en relación con todos estos elementos superficiales del mundo de ilusión e ignorancia del gran rebaño de ovejas domesticadas. Yo no soy una oveja domesticada, soy un profesional de la Fe Trascendental que trabaja 16 horas al día cumpliendo con mi misión, y por cada hora de trabajo, recibo una paga:  la autorrealización como ser espiritual y el reconocimiento de pequeñas cantidades de méritos, indispensables para aspirar a la Unión Divina. En este momento experimento un enorme bienestar que no está condicionado por mis deseos, por los bienes que yo tenga, porque casualmente es ese desapego con todo lo exterior, lo que me provoca este maravilloso bienestar. En este momento soy libre porque nada material puede condicionarme.  Es un bienestar que se sustenta en sí mismo, que brota de las entrañas de mi voz interior y se manifiesta plenamente en mi Yo Superior; es la misma autorrealización como hombre de Fe Trascendental, es la misma libertad absoluta, la que no está condicionada por ningún bien ilusorio, por ningún espejismo terrenal. En este momento mi alma está libre de agentes tóxicos, contaminantes.
Ya hemos visto los primeros dos fundamentos de la espiritualidad ética. Recordemos. El primero de ellos, es el carácter ilusorio o de espejismo de todos los bienes materiales y personales. El segundo fundamento, es la planificación estratégica para alcanzar nuestros objetivos espirituales. El tercer fundamento de la espiritualidad ética, tiene que ver con la razón de ser del sufrimiento: Tratemos de contestar una pregunta extremadamente importante: ¿Cuál es la razón de ser del sufrimiento?  . . . Si los males, dolores y sufrimientos carecieran de una auténtica razón de ser, la existencia humana sería una miseria indescriptible. Afortunadamente, sí existe esa razón de ser primordial. Lo explico de inmediato: Las situaciones de sufrimiento que se presentan en mi vida no son fines en sí mismos, no son simplemente pruebas para para llorar, para lamentar, para arrepentimiento, para la autocompasión y para madurar y  esperar que el tiempo sane las heridas. Las situaciones de sufrimiento son MEDIOS para perfeccionar nuestro Yo Espiritual y para incrementar nuestra libertad en relación con los deseos y apegos. Para ello, tengo que considerar que para cualquier evento perjudicial o doloroso que se presente en mi vida, siempre podré encontrar un millón de eventos aún más trágicos y nefastos en el universo de sufrimientos. Razón de sobra para darle a mi Poder Superior un agradecimiento por tener compasión conmigo y librarme de una amenaza o de una pérdida material o personal aún mucho más grande. Un agradecimiento de fe de este tipo, nos brinda la oportunidad de producir méritos ascéticos-espirituales -que antes del evento en mención- no existían, no contábamos con ellos, pero que ahora pasan a engrosar nuestro acervo de méritos, los cuales son necesarios para aspirar a la Unión Divina. Además, y muy importante, el agradecimiento nos permite comprobar el progreso que hemos logrado como hombres o mujeres de fe trascendental, si en realidad estamos logrando un avance en nuestro noble objetivo de ser libres de los deseos. Y por si todo lo anterior fuese poco, nos brinda grandes dosis de autorrealización como seres espirituales.
La primera barrera protectora contra los males, dolores y sufrimientos, es el Principio de la Ausencia Total de Deseos (elemento central y fundamental de la sabiduría antigua, del esoterismo y por supuesto, de la espiritualidad ética). Pero como una sola vida no basta para erradicar la adicción crónica con los deseos, y siempre nos quedarán muchos de ellos, la segunda barrera protectora es justamente, el agradecimiento de fe trascendental que acabo de explicar.
Para concluir esta presentación, una última consideración en relación con la gnosis de la espiritualidad ética: ¿Por qué la prosperidad espiritual y la prosperidad material son excluyentes entre sí? ¿Y por qué nuestro estilo de vida tiene que ser consecuente con la prosperidad espiritual? Las siguientes son las razones de ello:
Primero: La Ley Eterna de la metafísica y de la teodicea, que nos manda amar las cosas ordenadamente conforme su grado de perfeccionamiento espiritual, de tal manera que no debemos preferir lo material a lo espiritual, ni lo efímero a lo eterno, ni lo cómodo y placentero a lo virtuoso.
Segundo: Según la sabiduría antigua, el único camino para acceder a la Unión Divina es el de la evolución espiritual y el de trascender la personalidad egoísta, lo cual implica liberarse de la materia y romper la adicción patológica con los deseos y los apegos.
Tercero: Un ser humano estancado en su personalidad egoísta (es decir, una persona cuyo estilo de vida refleja un gran compromiso con la búsqueda de la prosperidad material-personal), carece por definición de los méritos y del crecimiento espiritual necesarios para trascender hacia la Unión Divina.
Cuarto: La suprema obligación que Dios nos establece, es el perfeccionamiento de nuestra voluntad clarificada y espiritual (que implica evolucionar). Y en este sentido, es fundamental tener muy claro, que la prosperidad material nos impide hacerlo adecuadamente.
Quinto: Para aspirar al logro de la Unión Divina, tenemos que cumplir fielmente con la Misión de la Fe Trascendental, la cual nos exige trabajar ininterrumpidamente como instrumentos de Dios para hacer el bien y como exterminadores de deseos. A partir del anterior fundamento, es algo muy evidente que un estilo de vida comprometido con la prosperidad material, tiene una dirección totalmente opuesta a la dirección que requiere la vida de alguien que aspira a dicha Unión Divina.
Sexto: Cuanta mayor sea tu ambición, y tus deseos, tus apegos y tus objetivos materiales-personales (o bienes exteriores), menores serán tu disposición, tu motivación, tu interés y tu compromiso para darle un giro radical a tu vida y comprometerte con la búsqueda de la prosperidad y de la autorrealización espirituales.
Séptimo: Los apegos con los bienes materiales-personales nublan el juicio del gran rebaño de ovejas domesticadas y llevan a todas estas ovejas a la adicción crónica con el deseo y a subestimar el logro de la Unión Divina.

Octavo: Toda aquella persona que reconozca el carácter ilusorio, efímero y transitorio de los bienes exteriores (o bienes imperfectos), reconocerá que la escogencia de la prosperidad material es una pésima decisión, y que es un estilo de vida absurdo e inútil para el logro del único bien eterno que es por supuesto, la Unión Divina. Una persona que piense de esta manera, es una persona en camino a la iluminación y a la comprensión de la gnosis de la espiritualidad ética.