ORACIONES DEL CRISTIANISMO MÍSTICO

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martes, 24 de septiembre de 2013

La Espiritualidad Ética y mis revelaciones como artesano del Yo Superior

En una sesión ordinaria de los Artesanos de su Yo Espiritual, tuve el honor de leer a mis compañeros de congregación, la siguiente monografía que preparé con la intención de estimular el crecimiento espiritual del compañero Roberto, quien en la sesión anterior, nos brindó un elocuente testimonio acerca de su inicio en la Fe Trascendental. La siguiente, es mi breve exposición:
La parte egoísta y calculadora de mi mente está tan acostumbrada a depender de los apegos, que a veces se aprovecha de mis debilidades para rechazar el gran avance que he dado en mi lucha por cumplir con la Misión de la Fe Trascendental (trabajar como Instrumento de Dios y como Exterminador de deseos 16 horas al día 365 días al año)  y provocarme un sentimiento de vacío debido a que casi no tengo apegos importantes. Es decir, en ese momento de debilidad, dejo de ser un artesano de su Yo Superior, sufro un retroceso en mi evolución espiritual y me convierto nuevamente (pero en forma transitoria por fortuna), en un miembro más del gran rebaño de ovejas domesticadas y su mundo de ilusión e ignorancia, que sufren o justifican sus vidas por medio de los deseos. La primera medida de urgencia para retornar a mi posición de artesano, es hacer conciencia de que Dios mide mi desempeño en el cumplimiento de la misión segundo tras segundo, y que durante el tiempo que experimento ese vacío, esa ansiedad o frustración por los deseos, por la necesidad de emociones fuertes y de motivos materiales-personales cautivantes, estoy perdiéndome la oportunidad de experimentar la autorrealización como ser espiritual, y además estoy decepcionando a mi Poder Superior y dejando de ganar pequeñas cantidades de méritos que son los que me permitirán aspirar a la Unión Divina. Y por supuesto que la ley de causa-efecto es totalmente válida para efectos de dar el salto cualitativo en lo que concierne a la evolución espiritual, es decir, que a mayor cantidad de méritos y de autorrealización en lo que concierne a matar el yo inferior, egoísta, calculador y vanidoso, mayores posibilidades de acceder al Estadio Existencial de Plenitud.
La segunda medida de urgencia, consiste en reflexionar sobre el carácter tan extremadamente efímero, iluso y superficial de la existencia de la humanidad, en su calidad de gran rebaño de ovejas domesticadas cultural, ideológica y religiosamente (con las pocas excepciones que toda regla tiene por supuesto). Se trata de una existencia mezquina y mediocre, condicionada a los apegos con los bienes exteriores -que dada su brevedad en términos de eternidad- no son más que puros espejismos, es decir, objetos con una apariencia seductora y engañosa para los sentidos.  
Para complementar las dos anteriores medidas, y para efectos de ser un Exterminador de deseos eficiente, es necesario tomar en cuenta los siguientes dos fundamentos de carácter escatológico y ascético:
El primero de estos fundamentos es el Principio de la Proporcionalidad Cuali-Cuantitativa Universo-electrón que existe entre Dios y el universo respectivamente. El  universo incluye lógicamente el planeta Tierra. Este principio implica que el universo es virtualmente inexistente o prácticamente la nada, y por lo tanto, está totalmente sometido a su poder, a su decisión y a su voluntad. Este principio es una verdad total y absoluta. Como consecuencia de este principio, la vida de todo ser humano y todos los bienes exteriores que generan apegos (el deseo de tener A, B, C, D, etc.) son también virtualmente inexistentes o prácticamente la nada. Todos los bienes materiales/personales que tienes, son puros espejismos y en consecuencia, no te pertenecen, no son tuyos, la verdad es que ellos pertenecen a la brevedad, a lo efímero, como tu vida misma.
Para tener una leve idea de lo que es la brevedad de nosotros mismos y de las cosas por las que sentimos tanto entusiasmo, pensemos en lo siguiente: el universo se creó hace 14 mil millones de años y tiene una extensión de 10 mil millones de años luz (es decir, habría que viajar a 300 mil kilómetros por segundo durante 10 mil millones de años para recorrerlo en su totalidad); y la Tierra tiene 4500 millones de años de edad. En contraste, una vida promedio de un hombre en muchos países ronda los 75-78 años. Entonces,  ¿Qué resulta de comparar 14 mil millones de años con los 78 años que puede vivir un ser humano? ¿Qué resulta de comparar los 10 mil millones de años luz de extensión que tiene el universo con los 13 mil kilómetros de diámetro que tiene la Tierra? Lo que resulta, es que el ser humano y el mundo, en términos de espacialidad y temporalidad, son virtualmente inexistentes o prácticamente la nada. Ahora bien,  ¿Entonces qué serían los 14 mil millones de años de edad del universo comparados con la eternidad? Bueno, lo mismo que una vida promedio de 75 años comparada con la edad del universo: prácticamente la Nada. Y aún mucho más radical: ¿Qué es una vida de 75 u 80 años versus la eternidad? … Ergo: ¡Qué ridículo tener apegos! ¡Qué absurdos son los deseos! Qué importante empezar a morir en vida en lo relativo a nuestro yo inferior, el yo egoísta, el yo de deseos, el yo calculador, porque entonces estamos adelantando nuestro nacimiento en el mundo espiritual, en el mundo de la Unión Divina.
El segundo de estos fundamentos es el ascético, que tiene que ver con la forma proactiva (y no reactiva) con la que deberíamos hacerle frente a los males, dolores y sufrimientos de tipo emocional y sentimental. Los profesionales de la Fe Trascendental contamos con dos barreras protectoras contra el sufrimiento en general. La primera barrera, es el principio fundamental de la sabiduría antigua sobre la relación entre deseos, apegos y sufrimientos. Aplicando dicha barrera, debemos ser capaces de eliminar o al menos de minimizar muchas situaciones de sufrimiento. Sin embargo, sería absurdo  pretender que con dicho principio podemos hacernos  inmunes a todos los tipos de males, dolores y sufrimientos de tipo emocional y sentimental. Cuando nuestro primer escudo protector es vulnerado, debemos activar el segundo escudo –que es un instrumento esencialmente ascético- y consiste en el agradecimiento de Fe Trascendental. Literalmente, le brindamos un agradecimiento formal a nuestro Poder Superior por esa situación de sufrimiento que nos ha correspondido asimilar, ya que tiene un determinado grado de dolor o de perjuicio que pudo haber sido exponencialmente mayor (para cualquier evento doloroso o perjudicial, siempre podremos encontrar en el universo de sufrimientos, otro evento 5, 10, 20 o 50 veces más doloroso o perjudicial). Además, dicha situación de sufrimiento pone a prueba nuestro grado de desarrollo ascético-espiritual y más específicamente, la capacidad de cumplir con las virtudes cardinales de la templanza, la fortaleza, la prudencia y la tolerancia, de tal manera que podemos comprobar en el campo de batalla, el progreso real como artesanos del Yo Superior. Por supuesto que tiene que haber progreso, y eso lo podemos medir únicamente con pruebas reales y exigentes. Al dirigir el agradecimiento de Fe Trascendental a nuestro Poder Superior, estaremos generando un mérito de alto nivel de calidad con el que -antes de la situación de sufrimiento- no contábamos, de tal manera que lograremos incrementar nuestro acervo espiritual en forma significativa. Y como consecuencia de todo este proceso, estaremos siendo capaces de asimilar y aprovechar  un determinado evento doloroso o perjudicial, con lo cual le estamos dando al sufrimiento una verdadera y sustancial razón de ser. 

viernes, 2 de agosto de 2013

La Espiritualidad Ética y las historias de algunos artesanos de su Yo Superior

En diferentes países alrededor del mundo, existen congregaciones de hombres y mujeres en las que comparten sus experiencias como obreros de la construcción espiritual, trabajo que cumplen 16 horas al día los 365 días al año y que consiste básicamente, en ser Instrumento de Dios para hacer el Bien, y en el exterminio sistemático de los deseos y de la gran necesidad de emociones fuertes y de motivos materiales-personales cautivantes (que se derivan de los apegos que tiene la personalidad egoísta del hombre con los bienes exteriores), de tal manera que el deseo en general,  bajo ninguna circunstancia represente el principal elemento para que la vida de una persona tenga sentido, una clara razón de ser y se encuentre alimentada por el entusiasmo. El nombre oficial de estos grupos es el de “Congregaciones de los artesanos de su Yo Superior”, y en consonancia con todo lo que hemos visto en las monografías de este sitio, se trata de profesionales de la Fe Trascendental y supervivencialistas espirituales extremos, que procuran enriquecerse y mejorar su desempeño a partir de los testimonios de compañeros y compañeras que comparten sus vivencias, sus logros y sus fracasos en su lucha por alcanzar el ideal de la libertad absoluta, en relación con los elementos superficiales que animan el mundo de ilusión e ignorancia del gran rebaño de ovejas domesticadas. Yo asisto a la congregación de mi país, localizada en la ciudad de San José, Costa Rica. En la última reunión, escuché los testimonios de los dos compañeros más nuevos que han ingresado al grupo, y que recién están empezando su batalla contra los apegos de sus propias personalidades egoístas, desde dos realidades muy distintas. Uno es un empresario con un alto grado de bienestar económico, y el otro, un asalariado con muchas limitaciones materiales y personales.
Con toda seguridad, es más fácil para una persona acostumbrada a las penalidades económicas, verse a sí misma como una oveja más del gran rebaño y rebelarse ante esa condición humana tan mediocre y precaria (la de oveja domesticada), que para una persona acostumbrada a vivir entre lujos, derroche y reconocimiento social. Por eso me ha resultado muy interesante observar de cerca a Roberto, el empresario exitoso que se encontró por casualidad con la obra clásica de la sabiduría antigua “A los pies del maestro”, y después de leerla con mucha atención y de investigar en internet sobre la misma para entenderla mejor, tuvo la fortuna de experimentar una apertura mental y una gran necesidad de conocimiento, que ahora dos años después, lo motiva a liberarse de todas las ataduras que hasta hace poco le daban un poderoso sentido de dirección a su vida. Una vez dentro de la congregación, luego de nueve meses de profundizar intensamente en los fundamentos de la ética universal, la sabiduría antigua, el esoterismo, la espiritualidad y de escuchar testimonios de muchos compañeros y compañeras, Roberto tiene muy claro el concepto de lo que significa ser un artesano de su Yo Superior, y que el trabajo más importante en su vida, el que más le apasiona, el que le permite experimentar una total autorrealización como ser humano y como ser espiritual, es el trabajo de Instrumento de Dios para hacer el Bien y el de Exterminador de deseos.
Nuestro novel miembro cuenta ahora -al igual que el resto de miembros de la congregación- con un novedoso y poderoso sentido de dirección para su vida, que consiste en el ideal de no ser “un hombre de deseos”, es decir, el gran ideal de llegar a tener una vida con una ausencia total de deseos, donde el nivel de  desarrollo de la Voluntad Espiritual es tal, que ya no es necesario ser un exterminador porque simplemente, los deseos ya no tienen cabida en la mente inegoísta del artesano de su Yo Superior. Esta condición ideal, potenciaría  aún mucho más al artesano para cumplir cabalmente con el otro 50 % de la misión encargada por Dios: Hacer el Bien, ser un productor de Bien.
En su testimonio, Roberto nos contó sobre su enorme alegría al experimentar el discernimiento (el primero de los requisitos para hollar el sendero según la gran obra esotérica nombrada anteriormente), mediante el cual, ahora es capaz de distinguir entre el mundo de ilusión e ignorancia del gran rebaño de ovejas domesticadas (lleno de elementos superficiales que son efímeros y sumamente transitorios y cuya expresión son los deseos en general), y el mundo real del maravilloso bien eterno que es la Unión Divina. Cautivado por las bondades del discernimiento, Roberto nos ha expresado con mucho entusiasmo y convicción,  que está trabajando planificada y sistemáticamente  para alcanzar una forma de vida menos opulenta, sin tantos lujos, mucho más consecuente con el ideal del artesano de su Yo Superior. Nosotros le recordamos que sus acciones deben ser  totalmente desinteresadas, apartadas de la vanidad y del egoísmo, y que los únicos deseos válidos para los artesanos, son aquellos relacionados con el logro de la Unión Divina y con el amor al Bien, ambos, objetivos primordiales de la planificación estratégica de los profesionales de la Fe Trascendental o lo que es lo mismo, de los artesanos de su Yo Superior.
La idea de ser un hombre sin deseos (el segundo requisito para hollar el sendero que menciona Alcione en su obra), es un desafío -que de acuerdo al testimonio de Roberto- lo lleva al límite de su capacidad de discernimiento y de voluntad, y que tal exigencia le llena muchísimo más que las exigencias de su vida profesional.
La alegría que me provoca escucharlo, dándonos su apreciable testimonio, me motiva  a hacer conciencia una vez más acerca de una de las verdades imponderables de la ciencia de la espiritualidad ética: Solamente los que logran trascender su personalidad egoísta a través del trabajo de Exterminadores de todo tipo de deseo (16 horas al día 365 días al año), podrán ser capaces de contribuir con la misión que Dios nos tiene asignada en este mundo: El amor al Bien, ser instrumentos suyos para hacer el Bien. Al alcanzar esa dimensión de instrumentos por donde fluye el amor del Poder Superior, estaremos alcanzando el suficiente grado de desenvolvimiento espiritual para acceder a la Unión Divina. Detrás de esta complejísima tarea, andamos los artesanos del Yo Superior.